miércoles, 30 de julio de 2014

Expresión Libre.

Fue por el año 1.948 cuando se dio vista a la libertad de expresión, convirtiéndola desde ahí en un derecho legítimo q no había sido pronunciado, hoy comprendo la necesidad que desde siempre fue querida, de poder expresar lo que a muchos dejaba con gran deseo de decir. La libertad de expresión es un pueblo que a voz de gritos exclama el deseo de hablar, es como el llanto de un niño que pide ser escuchado. Cuanto sufrimos, cuanto gritamos, cuanto lloramos, se nos volvió tan intangible como las palabras que la describen y en muy sentido dolor, mucho más acá en Venezuela, la libertad de expresión es el sonido del silencio para los tiranos, para quienes reprimen sin esfuerzo y pretenden apropiarse de las voces, de lo que se dice, evaporar las palabras sin ante sala de lo que pudieran llegar a indicar. 
Las generaciones se reconocen por sus heridas marcadas, cargan con las mismas luchas para toda la vida, por eso, un ser libre no puede llevar como carga sus palabras, aunque en lugar de ellas lleve heridas, que demuestren el mismo derrote por la lucha de su deseo de gritar aún siendo silenciado lo que opinan, lo que piensan, lo que les intriga sin censura alguna que convierta su expresión en una tumba de palabras abatidas.
Caracas, una ciudad con muchas voces que hacen 1 y no se deja reprimir la libertad, aunque así pocos lo quieran, porque es bien sabido que hombres libres hay muchos pero todo buen Venezolano se apega al artículo 57 de nuestra constitución y hace valer su derecho sin temores y con garantía de soberanía particular, pues un estado democrático, escucha el apego a la libertad y necesidad de expresar de su nación, pues en ella yace la constante fortaleza de una gestión llevada de la mano por las críticas de una sociedad.
La libertad es como una forma de vida lujuriosa, se debe trabajar mucho para lograrla, pero no se compra con dinero. la libertad de expresión lo es todo para el desarrollo integral de una nación que se debate entre lo incómodo y lo acomodado!

Gabriel Aliendres Martínez 
Estudiante de derecho, actor, hijo, hermano y ciudadano venezolano por nacimiento.




DESDE LO MAS PROFUNDO DE MI ALMA.

Entonces recorrí su todo, descubriendo en cada tacto, la anatomía de un cuerpo que siempre había deseado poseer entre mis brazos, me miro, La mire, comprendí  que debía seguir, que no debía parar, aunque ella no estaba allí, no estaba conmigo, algo quería olvidar… algo quería sanar, no sé hasta ahora si la lleve a borrar de su memoria aquello que la perturbaba. Su espalda se hacía infinita como el mar cuando mis manos deslice, con pecas que daban un perfecto acabado vertical al final de aquellos hombros firmes, elegantes, bellos, distraídos por la fascinación de unas manos que la tocaban tan sublime como se toca una seda de la más fina calidad.
Cada poro, cada olor, cada mirada, aumentaban mi ritmo cardíaco cuando sus funciones conocí. Ella quería enamorarme, me aterre, no lo dudo, ante lo perfecto, siempre sin duda alguna se tiene miedo al fracaso, aquello fue una invitación tenue, yo diría más bien muy oscura, mi corazón iba a mil millas por hora, entonces pregunte: Cuanto tiempo piensas quedarte aquí? A mi lado, conmigo, siendo de mi? Ella quiso tocarme, yo la deje, pero mientras lo hacía pregunte: deseas que prepare una taza de té o preparo mi vida en envoltura para ti? Para entregártela toda sin derecho a devolución alguna, de ninguna pieza, bajo ninguna circunstancia, te reíste y comprendí, me escogiste de venganza y aun así celebro tu idea, tu forma de jugar al olvido, solamente momentáneo, cabe destacar! para mí se volvió lo que sentí, un amor clandestino y de trinchera ante mi defensa, no es difícil aceptar que hacías del mundo algo más que una esfera, algo sin sentido, se volvía ciencia para mi, filosofía para mejor decir, siempre estuviste y estarás aquí ❤

Un loco enamorado de una mujer sin nombre propio que experimento su cuerpo. Sin identidad, aunque en mi piel permanecen sus huellas.


Dedicado a: Quien no puedo nombrar por temor a enamorarme más. 

Gabriel Aliendres Martínez

TÚ SOLEDAD EN MI MORADA.

Al lado derecho de mi habitación una cama ya vacía, con tu ausencia ahí acostada y el olor de tu recuerdo que por más que intentó sacarlo, sigue anclado en esta vida, que no es mía o quizás si lo es, pero en todo es compartida, un peluche que guardo desde hace tiempo, hace la vez de cabecera cuando olvidó su llegada, una estrella de colores, 3 almohadas que me ayudan a conseguir compañía fría, no respiran, no se escuchan, no me besan, no me abrazan, se calientan con mi cuerpo, no consigo el termostato. Que las hace funcionar? Será el infinito calor de mi eterna soledad? O es, Soledad Absoluta? Mi gran amiga, quien acompaña mis días de olvido amistoso o fraternal... Al lado izquierdo de mi cama, leyes que comparten conmigo cada noche la normativa de una sociedad que no se rige de ellas, que descomponen el derecho y la moral de los civiles, que no doblegan, que se hacen puras y luego pierden su principio. Un poco más a la misma izquierda, una biblioteca que contiene grandes escritores, El Gabo Marques, Jean Marie L'Clezie, Pablo Neruda, César Vallejo, Víctor Hugo, Vargas Llosa, Boris Izaguirre, Larry Niven, Mónica Montañes, Román Chalbaud, Leonardo Padrón, Óscar Wild, Javier Vidal, entre otros tantos, muchos ya leídos y una fila de algunos por leer o terminar, pues las leyes me hacen corto el tiempo, pero ya los podré acabar... Un espejo que es vacío, y que de pronto me mira, el reflejo de un sujeto un poco alto, de proporciones corporales ya perdidas, ya nada es lo mismo de antes, me estremezco cuando observo tanto que hace 3 o 4 años no existía, una barba bien poblada y dimensiones en la cara más marcadas, dan forma al inicio de la hombría plena mientras se va quedando dormida en su regazo la juventud que hasta hace poco me acompaño, una luz que bien es baja o bien es alta, la coloco a mi manera, una botella de tequila que a sido testigo fiel e inmóvil estas últimas semanas de lo que ocurre en estas cuatro paredes que me hacen cómodo pero a menudo se convierten en mi infierno.... El computador está apagado, el televisor igual lo esta, que hago acá despierto? Ya no duermo, ya no sueño, sólo pienso, veo el cielo de las nubes de tu pelo, mi cielo, tu cielo, que huelo aunque no te tenga cerca! 
Soledad Absoluta, con nombre y apellido acá tienes tu lado de la cama.

Gabriel Aliendres Martínez 

DESDE LO MAS PROFUNDO DE MI ALMA.

Entonces recorrí su todo, descubriendo en cada tacto, la anatomía de un cuerpo que siempre había deseado poseer entre mis brazos, me miro, la mire, comprendí  que debía seguir, que no debía parar, aunque ella no estaba allí, no estaba conmigo, algo quería olvidar… algo quería sanar, no sé hasta ahora si la lleve a borrar de su memoria aquello que la perturbaba. Su espalda se hacía infinita como el mar cuando mis manos deslicé, con pecas que daban un perfecto acabado vertical al final de aquellos hombros firmes, elegantes, bellos, distraídos por la fascinación de unas manos que la tocaban tan sublime como se toca una seda de la más fina calidad.
Cada poro, cada olor, cada mirada aumentaban mi ritmo cardíaco cuando sus funciones conocí. Ella quería enamorarme, me aterré, no lo dudo, ante lo perfecto, siempre sin duda alguna se tiene miedo al fracaso, aquello fue una invitación tenue, yo diría más bien muy oscura, mi corazón iba a mil millas por hora, entonces pregunté: ¿Cuánto tiempo piensas quedarte aquí? ¿A mi lado, conmigo, siendo de mí? Ella quiso tocarme, yo la dejé, pero mientras lo hacía pregunté: ¿deseas que prepare una taza de té o preparo mi vida en envoltura para ti? Para entregártela toda sin derecho a devolución alguna, de ninguna pieza, bajo ninguna circunstancia. Te reíste y comprendí, me escogiste de venganza y aun así celebro tu idea, tu forma de jugar al olvido, solamente momentáneo, cabe destacar! Para mí se volvió lo que sentí, un amor clandestino y de trinchera ante mi defensa, no es difícil aceptar que hacías del mundo algo más que una esfera, algo sin sentido, se volvía ciencia para mi, filosofía para mejor decir, siempre estuviste y estarás aquí.

Un loco enamorado de una mujer sin nombre propio que experimento su cuerpo. Sin identidad, aunque en mi piel permanecen sus huellas.

Dedicado a: Quien no puedo nombrar por temor a enamorarme más. 
Gabriel Aliendres Martínez